sábado, 23 de mayo de 2009

MENTIRAS: NI PUERILES, NI PIADOSAS

Las controversias con mis hijos para determinar cuál de ellos miente y cuál dice la verdad, devienen escenas sinfín cuando ninguno de los dos pretende dar el brazo a torcer y no es precisamente por temor a asumir las consecuencias porque jamás, ni el padre ni yo, hemos tomado represalias severas con ellos.
Eso sí, desde pequeños tratamos de corregirlos de la mejor manera para evitar peores conflictos en el futuro.
Estas son situaciones en las cuales nos vemos envueltos muchos padres, y si usted es uno de los que cumple la grata y difícil misión de educar a los descendientes, de seguro me dará la razón y comprenderá que para nada soy exagerada.
Claro, entre ellos las discusiones tienen, por lo general, un fundamento pueril. Así, por ejemplo, tratan de ocultar el culpable del agua o el jugo derramado en la mesa, el dibujo con crayola en la pared cual típico graffiti o cualquier otra travesura propia de la niñez.
Se dice que los pequeños de por sí son los más sinceros porque la maldad aún le es ajena; pero crecer acostumbrándose a mentir es grave para su formación como personas leales y dignas.
En la condición de adultos una mentira es una mentira y bajo la máscara de la ingenuidad se puede esconder una de las muestras más fehacientes de la degradación de valores en cuanto a falta de honestidad se refiere.
Muchas personas en determinadas circunstancias prefieren disimular la verdad, o lo que es igual, engañan a los demás.
Para otros una mentirita nunca viene mal. Eso sin contar aquellas que se justifican siempre que persigan un buen fin.
Cierto es que la franqueza cuesta a veces muy cara. Cierto además que algunos, tras el manto de las buenas normas de educación formal se muestran hipócritas, ya que según ellos, es parte de las buenas costumbres no lastimar al interlocutor con un criterio tajante o expresando una opinión sin adornos, ni rodeos.
Pero cierto es también que la mentira genera otra y otra y otra… y de tanto repetirlas provoca confusión, al punto de no saber cuándo se empieza a ser falsos y hasta dónde dejamos de ser honestos con nosotros mismos.
Con la mentira enseñamos a mentir. De igual modo la franqueza se impone tomando como ejemplo acciones similares.
En ocasiones los más pequeños de casas reciben un montón de excusas cuando algún familiar muere. Entonces las explicaciones llueven para argumentar la ausencia y para evadir respuestas se acude al engaño. En tanto, se distorsiona la realidad de un proceso tan natural. Solo el tiempo demuestra el craso error, cuyas consecuencias acuden luego al nombre de la desconfianza y la desorientación.
Asimismo adjudicarse el derecho de ocultar la verdad a una persona a quien, por ejemplo, se le detecta una enfermedad tan grave y seria como el cáncer nunca será una mentira piadosa.
Callamos con la sana intención de no hacer sufrir. Sin embargo, no son pocos los especialistas que manifiestan que cuando la persona tiene conciencia de su padecimiento se torna optimista y colabora más en el proceso de tratamiento.
Eso de ¨ojos que no ven corazón que no siente¨ puede funcionar muy bien en estribillos de populares canciones; pero en la vida real duele saber que somos los últimos en enterarnos de las cosas y que cuando se descubren poco o nada podemos hacer para remediarlas.
En el camino de la vida entre sinceridad y falsedad, es conveniente elegir siempre la honestidad. En relación con mis hijos me empeño en educarlos en tales principios, en reconocer sus faltas y asumir sus efectos. Los hago comprender entonces que la reprimenda no es tanto por lo que hicieron mal, sino por tratar de ocultarlo o culpar al otro. De vez en vez un regaño no viene mal y si es a favor de la verdad nunca estará de más. ¿No le parece?

1 comentario:

  1. Coincido plenamente contigo y créeme, me pasa lo mismo. A veces mis niños se culpan entre ellos para no decir quién hizo algo indebido. Yo trato de enseñarlos siempre, con la verdad por delante. Incluso, por muy doloroso que sea, los mantuve al tanto de la agonía y la reciente muerte de un ser querido. Dicen por ahí que "una mentira repetida cien veces se convierte en verdad". Pero, no lo creo. Prefiero convencerlos de que "por más rápido que corra una mentira, siempre la verdad le alcanza".

    ResponderEliminar