miércoles, 17 de julio de 2013

Un lugar para la familia de los azucareros

 Tomado del periódico 26 (Jorge Pérez Cruz)
Avanza el verano. Hay bullicio y alegría en la Casa del Trabajador Azucarero del municipio de Majibacoa –para suerte de muchos todavía inscripta en el patrimonio de la Empresa del ramo en la nororiental provincia de Las Tunas-, a donde acudirán los más destacados y sus familiares en esta temporada estival.
Allí, entre los beneficiados con el pasadía –una atractiva modalidad para la recreación-, están junto a los suyos Ramón Peña González, Isbel Rojas Almendares, Carlos Ponce Henríquez y Reynerio Rodríguez, quienes ganaron el derecho después de intensas faenas en el foso del ingenio.
La información la dio Luis Pastor Domínguez Hechavarría, secretario del Buró Municipal del Sindicato del sector, quien calificó públicamente como una hazaña laboral el trabajo realizado por ellos y sus colegas, inmersos ahora en el proceso de desarme, limpieza y conservación de los medios utilizados en la recién concluida zafra: "Nos satisface comenzar con ustedes las actividades de este verano", enfatizó.
"Fueron duras las faenas", comentó Ramón y explicó que "al foso cae todo tipo de residuo: paja, guarapo, polvo... y se van acumulando hasta cubrir la superficie donde están estructuras y tornillos que soportan las masas de los molinos. Hacía como 20 años que no se daba un mantenimiento así".

sábado, 29 de junio de 2013

Una casa colonial


casa antiguaLas Tunas.- La vivienda número 24 de la calle Vicente García parece contemplar el paso del tiempo altiva y llena de recuerdos. En tanto, su ubicación en el centro histórico de esta urbe le concede un lugar privilegiado. Sus muros son testigos del constante ir y venir de quienes transitan por la principal arteria que enlaza al Occidente y Oriente de Cuba.

Construida a principios del siglo XIX, fue adquirida luego por la familia de los actuales moradores el 4 de marzo de 1885, según consta en los documentos de propiedad, por el valor de mil 600 pesos oro.

Su estructura de mampostería y tejas, como la mayoría de los inmuebles de aquella época, sufrió la misma suerte de la ciudad, asaltada y quemada en varias ocasiones durante la Guerra de Independencia.

El implacable paso de los años también contribuyó a su deterioro por lo que ahora, en aras de conservar este elemento patrimonial, es necesario ejecutar las obras constructivas, sobre todo en el techo y las instalaciones hidro- sanitarias.

Consuelo Vitalia Iglesia Salcedo, con cerca de 100 almanaques a cuestas, dice haber nacido en esa casa. Entonces los recuerdos parecen saltar de su memoria y completar la historia.

“Esto anteriormente era una tienda y la vivienda al fondo. Todo el piso era de ladrillos. Yo he oído decir que cuando incendiaron el pueblo esta casa se quemó también y hubo que reconstruirla. Se ha reparado en distintas ocasiones; pero siempre ha permanecido igual.”

La remodelación deviene anhelo de sus habitantes desde hace mucho, pues las raíces de los longevos árboles obstruyeron las tuberías y tragantes. Cada vez que llovía era segura la inundación.

Ahora el panorama es otro, poco a poco, se sustituye una puerta, se cambian las tejas y se instala todo el sistema de desagüe, para bien de sus habitantes y de una ciudad que trata de vestir sus mejores galas vísperas del 30 de septiembre cuando celebra su aniversario 217 de fundada.

Válido el esfuerzo en aras de proteger una arquitectura preferentemente ecléctica, estilo que se caracteriza aquí por la sencillez decorativa en sus elementos arquitectónicos, columnas, capiteles, copones y arcos, productos de la creación individual de constructores, artesanos, maestros de obras o simple materialización del gusto del dueño.

Acciones como estas se incluyen en el proyecto Imagen, mediante el cual se pretende remodelar fachadas, lugares públicos y establecimientos gastronómicos con el fin de embellecer nuestro hogar común, reforzar sus valores patrimoniales y afianzar la identidad de los pobladores.

miércoles, 26 de junio de 2013

Una especial amistad

Lianet Jiménez Aguilar de 18 años de edad junto a su profesora Marbelis Aguilera Hernández.
Las Tunas.- Lianet Jiménez Aguilar tiene 18 años y presenta una discapacidad física y mental asociada a otros agravantes desde el punto de vista patológico. No obstante, esto no impide que reciba sus clases y aprenda hasta el máximo de sus facultades.

Cuenta, Mariela Aguilar Flores, que “su hija nació prematura y de inmediato se le diagnosticó una enfermedad neurológica; convulsionaba con frecuencia y tuvo que ser internada en el hospital pediátrico con solo cinco días de nacida. Allí permaneció en la sala de cuidados intensivos porque sufrió un paro respiratorio a partir de una neumonía”.

“Durante ese tiempo-dice Mariela- todo fue muy difícil. Se salvó gracias a esta Revolución y a la ayuda de los médicos de ese centro asistencial que fue su segunda casa, o mejor dicho, la primera”.

“Luego de tres años regresó a su hogar; pero no caminaba ni hablaba porque, además, presenta una enfermedad ortopédica por la cual luego fue intervenida quirúrgicamente en diez ocasiones en el hospital William Soler de La Habana.”

Por sus necesidades educativas especiales complejas resultó imposible lidiar contra la distancia, el agotamiento y los padecimientos para desplazarse hacia el centro de la enseñanza especial Luis Augusto Turcios Lima, en esta ciudad de Las Tunas, donde asisten otros estudiantes con características similares a las suyas.

Fue entonces que comenzó a recibir con bastante regularidad la visita de una persona que poco a poco se ganó un lugar privilegiado en su corazón, como amiga y maestra ambulante.

“Lo que Marbelis ha hecho con ella es maravilloso- apunta la madre agradecida- ha contribuido a que mi niña conozca el alfabeto completo, que sepa leer y escribir, y se desenvuelva mejor en la vida…”

Marbelis Aguilera Hernández es máster en ciencias de la educación especial. Desde hace 9 años se desempeña como maestra ambulante. Tiene una matrícula de tres alumnos y dice amar su profesión porque “esta labor es muy sensible, noble y humana. Es obvio que ellos necesitan aún más del estímulo y la comprensión de nosotros. No es solo corregir y compensar sus defectos”.

“Esta relación tan cercana que hemos logrado la niña y yo- agrega la educadora- fluye de manera espontánea. Es muy cariñosa conmigo y dice que me quiere. Es un sentimiento recíproco”.

“Cuando evaluamos los resultados al finalizar cada calendario docente y los comparamos con el diagnóstico que le hicimos al recibirla, entonces se siente un regocijo tremendo. Ese es el pago de mi trabajo”.

Gracias a la dedicación de esta maestra ambulante y el esfuerzo conjunto de una familia pequeña; pero muy unida. Por estos días Lianet está a punto de culminar el noveno grado complementario y exhibe con cierto orgullo una letra perfecta, con trazos firmes y claros.

Ejemplos como este conmueven y convocan el agradecimiento hacia quienes se dedican a esta noble misión. Esos que al decir de José Martí, hacen que los hombres crezcan cuando aprenden algo… y cuando han hecho algún bien.