martes, 17 de febrero de 2015

La familia se regaló un 14 de febrero especial en Las Cuevas de Bellamar



Visitar las Cuevas de Bellamar tiene su encanto. El lugar impresiona y atrae, sea por misterios, belleza o quién sabe... Lo cierto es que estar allí se agradece y son de esos paseos que seguramente quedarán en el recuerdo por siempre.

Divino sitio para celebrar en familia y con amigos este 14 de febrero. Las cuevas de Bellamar son un conjunto de cavernas de mas de 23 kilómetros de galerias situadas en la provincia Matanzas, Cuba. Por la belleza de sus galerías y cavernas, los importantes hallazgos paleontológicos, además de una amplia gama de procesos cristalinos fueron declaradas Monumento Nacional.
Contenido

Las galerías y pasadizos de las Cuevas de Bellamar se calcula que comenzaron a formarse hace unos 300 mil años. Según los estudiosos, la planicie en la cual están las cuevas se encontraba originalmente bajo el mar, formando parte de la bahía de Matanzas. A lo largo de la llamada Falla de Bellamar el agua subterránea, en combinación con el dióxido de carbón, fue disolviendo la roca calcárea y de esta forma fue creando cámaras subterráneas en el subsuelo; bajo el fondo marino.


Mientras permanecieron bajo el nivel del mar, estas cavernas estuvieron llenas de agua. Los movimientos tectónicos hicieron que la zona se elevara, hasta llegar a formar las terrazas marinas que se notan en la ciudad de Matanzas y sus alrededores.

Con el decursar del tiempo estas cavernas se fueron secando; desaguándose incluso algunas cavidades que están a gran profundidad bajo el nivel del mar y comenzaron a tener lugar filtraciones entre las rocas, sobre el techo de las cuevas, de agua con carbonato de cal disuelto que fueron dejando residuos al gotear y, de ese modo formar las estalactitas desde el techo y las estalagmitas en el suelo.
Descubrimiento

Las Cuevas de Bellamar fueron descubiertas por casualidad en febrero de 1861 cuando un esclavo perdió su barreta abriendo un hueco en el suelo, tratando de remover una roca de cal. El esclavo y el mayoral imaginaron que la tierra se había tragado la barreta.

Don Manuel Santos Parga, dueño de la finca, pidió explicaciones y al no recibir respuestas se dirigió al lugar de los hechos, ordenó que se cavara allí; y apenas se había abierto un espacio de poco más de una vara, salió por el agujero practicado una gran corriente de aire repugnante de olor; caliente y como humoso; entonces quedó así al descubierto la entrada de la cueva.

El señor Parga, que era entendido en cosas de minas y cuevas, se dio cuenta de lo que el descubrimiento significaba y comenzó a preparar la cueva para que los visitantes pudieran disfrutarla. Sacaron muchas piedras; hicieron escaleras de mampostería que aun están en uso; instalaron pasamanos; y tan pronto fue una realidad, instaló luz eléctrica. Él o uno de los guías bajo su empleo llevaban a los turistas por los pasadizos de la cueva mientras explicaban lo que estaban viendo. Dos años después del acontecimiento, el matancero José V. Betancourt, narró lo sucedido.

Llamadas originalmente las Cuevas de Parga en homenaje a su descubridor, el punto cambió su nombre por el de Las Cuevas de Bellamar, en plural, (aunque los especialistas indican que se trata de una sola cueva con varios salones) debido a su cercanía con la playa homónima en el oeste matancero.

En los dos primeros años más de dos mil personas la visitaron. En aquellos tiempos fue un éxito rotundo, tanto turístico como científico. Y en la actualidad siguen (me atrevo a decir que seguirán siendo) que serán una visita obligada para conocer las bellezas del paisaje cubano.


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