
En Cuba el apelativo Luisa suele ser común; aunque la Luisa de quien referiré en las siguientes líneas es en verdad especial para mí, como lo es también para muchas otras personas que la conocen.
Luisa es una mujer alta, fuerte, alegre y su mirada desborda ternura.
Todavía con esos rasgos en esta Isla puede parecer alguien común y, sin embargo, no lo es. De ello pueden dar testimonio cientos de niñas y niños que ahora o antes pasaron por las aulas del Seminternado Toma de Las Tunas, donde ella trabaja como maestra.
Eso tal vez sea del mismo modo común; pero hay más…
Luisa es de esas educadoras que te saludan con el corazón, que te animan con un buenos días y te hacen sentir cuán especiales son sus alumnos, desde el más tímido hasta el más sobresaliente.
Luisa día a día contribuye a la educación de nuestros hijos y les inculca valores. También los regaña y establece la disciplina, con rigor, y buenas intenciones.
A mi pequeña Amanda la mima con frecuencia y, a pesar de su corta edad, ya le enseñó a recitar el extenso poema martiano Los zapaticos de rosa.
Luisa es una maestra, o mejor dicho, una buena maestra. Característica que la aparta de lo común y la convierte en un ser especial.